|
| Por Nadia Yassine |
|
|
|
| El viaje es un maestro de preceptos amargos. Théophile Gautier... frotar y pulir nuestro cerebro con el ajeno. MontaigneSe necesita que el discípulo de sabiduría tenga el corazón grande y valiente. La carga es pesada y el viaje largo. Confucio |
|
| A toda vela. ¿Por qué este título?Por supuesto como autosugestión, como auto estímulo para desafiar a un mar agitado. A toda vela. ¿Por qué este título?Como invitación a un viaje al fin de la sinceridad, tal vez también al fin de la severidad.Esta invitación, seguramente parecerá cándida en tiempos en los que los medios de comunicación se desvelan por presentar a los de los barcos por locos sanguinarios, sin embargo, a toda vela. |
|
| No se verá desde luego obra de la casualidad, si la palabra velas «voiles» figura en el título de una obra escrita por alguien con velo, y los seguidores de Freud no se tardarán en olfatear en ello el acto ausente en forma de metáfora. Desactivo en un primer momento los impulsos psicoanalíticos desenfrenados. La palabra vela (voile) no viene de una inhibición que aparece en la superficie de un título; es aunque parezca imposible, una alusión que ya anuncio con toda conciencia y asumo tanto en mi título como en mi vida. |
|
| Sin embargo, tranquilizo inmediatamente al lector: este libro no tiene como intención ser un panegírico del velo (pañolón islámico) El islam es mucho más que un pedazo de tela a pesar de todo lo que puedan pensar sus enemigos o sus defensores. |
|
| Si los primeros consideran el velo como un signo ostentatorio y conminatorio, los segundos se asientan y caen en una visión opaca del islam. Para estos últimos, el islam se reduce a apariencias indumentarias y la vestimenta de la mujer con velo constituye para ellos una verdadera obsesión. |
|
| Izo alto las velas por provocación, pues el idioma que utilizo para escribir, está en disputa con « trois voiles et un couffin ». Las izo sabiendo que en el mundo donde la imagen predomina, provocar es el único medio de llamar la atención. |
|
| Utilizaré y abusaré de lo que Colette llamaba «la tiranía de las palabras» con la intención de retener la mirada desengañada de tanta comunicación, impresionar la conciencia adormecida por tanta conformidad. El estruendo de lo que algunas mentes autosuficientes tomarán por insolencia, permitirá tal vez llamar la atención. Se despertarán con el pie izquierdo, sin ninguna duda, ya que el propósito será tal vez un poco desabrido, pero el despertar, sea cual sea el calificativo, es siempre más digno que el letargo comatoso que no lleva a nada. |
|
| El lector no dejará de notar mi obstinación con Francia, más que con cualquier otro país occidental. La explicación de esta «preferencia» debería comprenderse fácilmente y varios parámetros pueden tenerse en cuenta. El primero que mencionaré proviene de mi formación. Conozco Francia mejor que cualquier otra comarca occidental por haber frecuentado asiduamente su cultura y tenemos siempre tendencia, e incluso interés, en hablar de lo que conocemos. |
|
| El segundo parámetro a tener en cuenta es que en efecto, Francia juega un papel primordial y central en la formación de la cultura occidental. Si citamos a Anne-Marie Thiesse1, los nacionalismos europeos tuvieron como primera causa el deseo de escapar de la hegemonía cultural francesa. Hablando de la lucha europea contra el modelo cultural francés que invadía las aulas europeas, ella escribe: |
|
| « La lucha contra el clasicismo se confunde en realidad con una ofensiva contra la hegemonía cultural francesa. El francés, en la Europa del Siglo XVIII, no es la lengua de Versalles solamente, pero de la mayoría de los cursos europeos. Y la cultura francesa pudo imponerse en todas partes como la expresión más consumada de la cultura letrada, modelo que puede ser imitado, sin jamás ser igualado. El resplandor del sol francés permite, sólo a sus propios reflejos, existir en otra parte»2 |
|
| Criticar a Francia equivale pues a criticar al dirigente de la cultura occidental y por tanto al señor, al honor. |
|
| A toda vela |
|
| Izo pues mis velas, para «abrir mi pico» como lo aconseja Pierre Bourdieu en su diálogo con Günter Grass. 3 Tengo en cuenta este precioso consejo, sabiendo que pareceré odiosa a muchos, pues pertenezco a esa categoría de individuos que se preferiría no tuviesen pico. |
|
| A toda vela. |
|
| Izo mis velas, sobre todo por amor al gran entendimiento. Las izo en el mástil de un barco imaginario, para invitar a aquellos y aquellas a quienes el cielo se les hace nuboso y pesado para cambiar de aire. Izo las velas para aquellos cuya vida se parece a la de ese pobre animal de arrastre que tira y gira, y gira y tira la rueda sin fin. |
|
| Escribo pues para los que ya no tienen el valor de girar en círculo y tienen por fin el valor de verse a la cara, quienes tienen el descaro de pensar de otra manera. Escribo para los albatros, los que sólo están en su elemento cuando van a lo más alto de los cielos desconocidos. |
|
| Escribo para ti Sísifo. |
|
| ¿No ha llegado la hora de liberarte de tus cargas? ¿Este castigo que ningún dios te ha impuesto pero que tú te has infligido a ti mismo? ¿No ha llegado la hora, no ha llegado el momento de liberarte de todas esas fuerzas maléficas que te detienen sin retenerte, que te asesinan sin matarte, que te utilizan sin acabar contigo, que te queman sin consumirte? |
|
| Sísifo de todas las naciones, rebélate, muévete. Te vacías peligrosamente de ti mismo. Tu herida está abierta y tu verdad se te escapa. |
|
| A toda vela. |
|
| No soy la primera, ni la última en emplear la metáfora del viaje. Muchos lo han hecho anteriormente y muchos seguramente seguirán haciéndolo. Esto ocurre tal vez porque, mientras existamos en el poco tiempo que vivamos, nos sentimos viajeros de vocación. |
|
| El Profeta Mohammad (la paz y las bendiciones de Dios sean con él) quien iniciado por el Creador conocía nuestra profunda naturaleza, aconsejó a sus discípulos: «Compórtate en esta vida como un viajero» |
|
| ¡Sabiduría suprema! ¡Sabiduría a secas! |
|
| Deseando ponerme en contacto con un cierto pensamiento único, escribiendo en uno de los idiomas más laicos, me contentaré por el momento con esta frase ¡del Mensajero! Me rebelo por las mismas razones, usando otras referencias más próximas al inconsciente francófono. Sabiendo que sólo la imaginería, tomada de la mitología griega, habla a las mentes de algunos, entonces haré uso de ésta, rogándole a Dios que me perdone por la blasfemia inherente con las mitologías paganas. No hay más divinidad que Dios, y después de haber inhalado una bocanada de oxigeno de la palabra tomada del Profeta, me lanzo en apnea en la insania de la «sabiduría » griega. |
|
| No se puede hablar de viaje sin evocar a Ulises. No puedo por otra parte rememorar el relato de peripecias de este héroe, sin pensar en lo que yo leía entre los renglones. Cuando la pluma de Homero me llevaba al itinerario de Ulises, era la imagen de Penélope que, curiosamente, se me imponía. |
|
| Mi pensamiento por esta dama venía de un sentimiento existencial profundo, más que de una mentalidad de sutileza feminista. Me decía, a mi misma, mientras hacía mi lectura que fuesen los que fuesen los sinsabores de ese héroe homérico, él era seguramente más feliz que su alter ego que se aburría en su ausencia. Mientras que él coleccionaba los trofeos de la sabiduría, su esposa no cultivó y no recogió, después de todo, más que uno: la fidelidad. |
|
| Ese espíritu de resistencia y de paciencia que simbolizaba Penélope estaba todo a su honra pero ir hacia delante en la vida y en cambio, será eternamente una actitud más meritoria que experimentar los asaltos del tiempo y de los pretendientes. |
|
| Creo enérgicamente que la marcha es el secreto de la vida. Ahora bien, la pobre esposa de Ulises tejía, deshacía y deshacía y tejía mientras que él, osaba, sobrellevaba, soportaba, combatía, transformaba y se transformaba, afrontaba, navegaba en alta mar, en una palabra, mientras que Ulises vivía. |
|
| Partiendo de la historia de estos dos cónyuges, incluyo en las tarjetas de invitación a nuestro viaje a toda vela, contra viento y marea, contra pensamiento único y pensamientos mezquinos: |
|
| « Si tú te sientes más Pénelope que Ulises, entonces absténte de leer lo que sigue. Conténtate con tejer y con deshacer tu obra y cánsate esperando a tu alter ego que no regresará jamás… |
|
| Si tú eres más bien Ulises, entonces vamos a toda vela». |
|
| A toda vela, también se hubiera podido escribir «todo velo fuera ». |
|
| Escribo pues no sólo con el deseo de ir al final de la obligación y de la protestación, pero sobre todo por el deber que tiene todo musulmán de quitarse los velos oscuros que impiden al otro captar el Mensaje coránico, este último Mensaje que el creador ha enviado a cada hombre, destinado a toda la humanidad. |
|
| Así, capítulo tras capítulo, avanzaremos lentamente en el mundo de duplicidades que andan con rodeos y empobrecen al Ser con el fin de sobrepasarlo. A pesar de la vehemencia del alegato que no dejarán de hacer, escribo por amor a «todo el hombre, a todo este hombre» ciudadano de la modernidad que un cúmulo de equívocos amenaza con privarlo de su billete de viaje por un mundo re-encantado, un mundo repoblado por el hombre, el verdadero. Sinceramente no podemos sino compartir el destino de este hombre sombra de sí mismo, en lo que nos hemos convertido, prisionero de su ego, olvidadizo de su esencia, viudo de su sentido. |
|
| Mi objetivo preciso es derrotar las barreras que se levantan entre este hombre y su derecho primordial: conocer el secreto de su existencia al reconocer a Dios. |
|
| Antes de terminar la introducción quisiera precisar que este escrito no tiene ninguna pretensión académica. Lo percibo como la voz del corazón a la que los argumentos sirven de caja de resonancia. No es más que esto, una invitación apasionada a un viaje hacia el sentido. |
|
|