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| Paula Lego Periodista 06/09/2005 |
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| Las palabras de la lider islamista Nadia Yassine desatan una tormenta política en Marruecos |
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| El falso debate entre monarquía e islamismo |
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| “La monarquía no conviene a Marruecos”. Esta simple afirmación levantó el pasado mes de junio una de las mayores tormentas políticas en el país de los últimos años. La autora de la frase de la discordia era Nadia Yassine. Portavoz oficiosa del ilegal, pero tolerado grupo islamista Justicia y Caridad, Yassine es además hija del emblemático líder de este movimiento no violento que cuenta con la mayor capacidad de movilización del país. |
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| Marruecos es una monarquía parlamentaria en la que el Rey, actualmente Mohamed VI, concentra el poder político, religioso y militar. Político porque, pese a la celebración de elecciones y un amplia pluralidad de partidos, tiene la potestad de nombrar al Primer Ministro y a los principales ministros del Gobierno; religioso porque ostenta el título de “Comendador de los Creyentes” al ser considerado descendiente directo del profeta Mahoma; y militar porque es el máximo responsable de las Fuerzas Armadas del país. |
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| Aunque Yassine ya había abogado por una república para Marruecos en anteriores ocasiones, sus declaraciones nunca habían levantado tal revuelo como en esta ocasión. La líder islamista considera que su afirmación molestó esta vez tras las murallas del Palacio Real porque se publicó en una revista en árabe, “de las que lee el pueblo”, y no en francés. |
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| Sea o no así, en Marruecos la figura del Rey es intocable por Ley. Nadia Yassine traspasó la frontera y será juzgada por “atentar contra la monarquía”, delito por el que podría ser condenada a una pena de tres a cinco años de prisión y una multa de hasta 8.500 euros. “Al decidir perseguir judicialmente a Nadia Yassine y los periodistas que la entrevistaron, el régimen confirma su naturaleza antidemocrática y revela su gran febrilidad”, explicaba Aboubakr Jamaï, el reconocido director de Le Journal Hebdomadaire en un editorial. |
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| Las enseñanzas del “caso Yassine” |
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| Efectivamente, el “caso Yassine” pone al descubierto la incapacidad de la monarquía marroquí para aceptar un debate sereno sobre su conveniencia o no, y su incapacidad de articular una respuesta que no pase por la represión de la crítica. |
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| En segundo lugar, muestra la fragilidad de la libertad de prensa en Marruecos, pese a ser uno de los países del mundo árabe-musulmán con mayor pluralidad informativa. El director del semanario que publicó la entrevista acudirá a los tribunales como principal acusado de “atentar contra la monarquía”, mientras que Nadia Yassine lo hará como “cómplice” del delito. |
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| Todos los partidos políticos sin excepción (incluido los islamistas del Partido Justicia y Desarrollo e incluso los dirigentes, encarcelados por los atentados terroristas de Casablanca en 2003, del movimiento ilegal salafista), así como la mayoría de los medios de comunicación, cerraron filas con la Corona. Poco después, más de sesenta intelectuales, algunos de ellos antiguos presos políticos durante el reinado de Hassan II, el padre del actual monarca, firmaron un manifiesto, de título “Sí a la democracia, no al caos”, en el que apoyaban a la monarquía y condenaban los intentos de desestabilizarla. Los defensores del sistema recurrían así a una falsa dicotomía “que pretende que hubiera, de un lado, quienes apoyan a la monarquía (claramente humanistas y liberales) y del otro, los oscurantistas, que quieren bien la iranización del país, bien el caos por el caos”, asegura en otro texto Aboubakr Jamaï. |
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| La lectura de la entrevista a Nadia Yassine revela, sin embargo, lo contrario. La líder islamista defendía que el sistema monárquico vigente en Marruecos genera injusticias, por lo que resulta preferible una república. Si bien el argumento llega a una conclusión errónea a partir de un diagnóstico acertado -porque, si bien el sistema republicano es más democrático que uno monárquico, no toda república es democrática y justa de por sí, ni toda monarquía injusta y dictatorial- las declaraciones (que es, al fin y al cabo, por lo que se la juzga) revelaban una concepción de la democracia mucho más abierta que la de quienes la acusaban de oscurantismo. “Viviremos un día en el que haya elecciones libres, por medio de las cuales el pueblo podrá, por ejemplo, decidir si adopta o no el referente islámico”, decía, por ejemplo, Nadia Yassine en la entrevista. Una vez más, quedaba en evidencia la ceguera del majzen (el entorno del Palacio Real marroquí) para comprender que el creciente apoyo de la población del país a grupos de inspiración islamista se explica en gran parte porque son los únicos con un discurso diferenciado al del Poder. |
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| El “príncipe rojo” se une al debate |
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| En pleno vendaval de insultos y tergiversaciones de lo dicho por Nadia Yassine (una y otra vez se repetía que la líder islamista quería el derrumbe de la monarquía para instaurar una república a la iraní y retrotraer a Marruecos varios siglos atrás), apareció en escena Moulay Hicham. Desde Estados Unidos, donde trabaja en resolución de conflictos para Naciones Unidas, el “príncipe rojo”, como se le conoce, primo de Mohamed VI -con el que se profesa una gran enemistad- apoyó el derecho de Nadia Yassine a expresar libremente sus opiniones. De la noche a la mañana, la prensa rompió el tabú de no atacar a miembros de la familia real y volvió a la carga con las tergiversaciones: el “príncipe rojo” pasó a ser “el príncipe islamista”, pese a que la carta de solidaridad con Nadia Yassine (en la que, por cierto, defendía el mantenimiento de la monarquía en Marruecos) no podía ser más clara. “Sus posiciones me parecen erróneas y no puedo sino expresar mi absoluto desacuerdo con ellas”, decía la misiva. |
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| Gracias a su torpeza e inflexibilidad, el majzen ha logrado elevar a la categoría de mártir de la libertad de expresión a la portavoz oficiosa de un movimiento que defiende ideas auténticamente retrógradas. Con la boca teatralmente cubierta por una tela con una cruz roja en medio (en reivindicación de la libertad de expresión), Nadia Yassine acudió a su juicio, aplazado sine die, rodeada de seguidores. De momento, ha conseguido lo que quería: abrir el debate de la monarquía en la calle, más allá de los incendiarios editoriales en defensa de la Corona, y denunciar ante la comunidad internacional las carencias democráticas del reino alauí. Si con su respuesta a la “provocación” de Nadia Yassine, Mohamed VI pretendía frenar el ascenso del islamismo en Marruecos, difícilmente podía haberlo hecho peor. Si tan solo quería perpetuarse en el poder a cualquier precio, la situación le puede acabar estallando entre las manos. |
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